Hay palabras que hieren, que lastiman, especialmente si son
dichas muchas veces por los padres o profesores. Los gritos y las explosiones
pueden conseguir disciplina,
pero también pueden causar heridas profundas en la autoestima de
los niños. Las palabras tienen poderes.
Las palabras dañan. No se les puede ver, pero las cicatrices que dejan
son reales y pueden durar años.
El abuso verbal puede ser permanente e irreversible… ¡¡No sufras en silencio!!
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